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miércoles, marzo 26, 2008

La construcción


De pie sobre la azotea de la construcción él se alza mirando fijamente al horizonte, como si en algún punto de esa línea que le es inalcanzable intentase vislumbrar señales de un pasado ausente que quedó enterrado en el desierto del olvido a causa de un destino que le es incierto y que le trajó hasta aquí, manteniéndolo confinado a esta soledad, ajeno a sus recuerdos. La estructura que él vigila es similar a una pequeña ciudadela en ruinas, su fachada está contenida en murallas de roca grisaceo opacadas por el paso del tiempo. Su interior es lúgubre y vacío, impregnado de una leve atsmósfera polvorienta que al mezclarse con la ténue luz del día que ingresa al interior le da un ambiente casi etéreo. Llama la atención que las puertas y ventanas de esta estructura siempre están abiertas (en algunos casos simplemente no existen), ni siquiera un cerco o muro que la separe del mundo exterior, un mundo en el cual aparentemente sólo existiese el vacío y la soledad, pues alla afuera lo único que él puede distinguir es aquel horizonte aparentemente inalcanzable que separa el cielo de los confines del mundo, sólo el pasar de los soles hace recordar al centinela de la existencia de un tiempo y de un espacio que le han sido ajenos desde que tiene conciencia de si mismo: el primero debido a que no se siente parte de éste ni le afecta su paso, es como si el tiempo le fuese ajeno e indiferente; en cuanto al espacio, su mundo esta limitado sólo por esta estructura pues jamás se ha aventurado a ir más allá. Nunca nadie ha logrado entrar allí antes, a pesar de que tampoco el guardián que custodia esta construcción recuerda que alguien haya llegado a visitarle alguna vez.

Su memoria no alcanza a vislumbrar aquel instante en que él llegó a habitar en aquel lugar. No puede recordar quién o qué lo trajo aqui, tiene la sensación de haber aparecido de la misma nada y allí se ha mantenido en actitud inmutable de solitario guardián de su pequeño mundo, sin ser dueño de sus recuerdos ni de su pasado. Lo que él es ahora se encuentra confinado a estas cuatro paredes, a estos cuatro niveles.

Mas hoy sientes una extraña sensación. De improviso apareces en la azotea de tu construcción vigilante intentando vislumbrar algo más alla de las paredes que han circundandado tu destino. Hay una atsmósfera diferente allá afuera, repentinamente el desierto que te rodea adquiere un movimiento fuera de lo común; la arena danza inexplicablemente con el viento creando una cortina que no te permite ver con claridad lo que hay del otro lado. El aire va elaborando caprichosas formas que se mezclan con la arena hasta llegar a formar un torbellino que se aproxima hacia ti y que instantáneamente se detiene frente a tu construcción... a lo lejos una extraña visión asoma entre esta agitación, como de la nada misma aparece inverosimil una mujer que viste abrigo rojo.

Y apareciste tú etérea de esa misma nada que me trajo hasta aquí, impregnada con ese mismo halo de soledad que me ha acompañado desde siempre. Te quedaste ahi congelada en el tiempo frente a mi puerta mientras yo me estremecía como nunca antes supongo había sentido, una sensación inexplicable me embargaba en ese instante y no sabía que hacer mientras tú, dándome la espalda observabas aquel mismo horizonte que vigilaba en serena comunión con los soles día tras día. Sentí una inexplicable tristeza al verte tan sola atormentada por ese desierto que te envolvía. Bajé desde mi azotea para buscarte, decidido a aventurarme más allá de estos fríos muros. En un instante me hallé en el portal casi a punto de salir de mi fortaleza y ya estabas allí. Te cruzaste conmigo sin notar mi presencia, pasaste indiferente a mi lado y comenzaste a subir la escala silenciosa y ténue sin decir nada, pude ver en tu mirar ausente un reflejo de callada tristeza, pero no me atreví a hablarte. Fue un instante letárgico, triste y efímero, pero es como si hubiese sido más extenso que todos éstos días de silencio que me poseían.

Esa fue la única vez que te ví. Sali de la construcción y tú te quedaste allí dentro. En ese momento supe que ya no nos volveriamos a ver. Me pare frente a la estructura para ver si te asomabas por aquella azotea que innumerables veces fue mi torre de centinela escrutador, pero no apareciste. No regresé más a aquel lugar, tú habitaste en él desde aquel día que entraste sin permiso a mi mundo y a mi corazón.

A partir de aquel día él vaga solitario sin rumbo fijo por el desierto. El paso de los soles ya no le es indiferente; y sin construcción que vigilar, el horizonte de las estrellas que le fue ajeno desde un comienzo será su única frontera. La incertidumbre de un pasado cuyas huellas fueron borradas por un caprichoso destino ya no le atormenta desde aquel día en que se presentó ella. Su presencia vive en su interior día a día y su recuerdo perdurará eternamente como único tesoro de un pasado cuyas huellas quedaron enterradas para siempre entre las arenas del olvido.

De la mujer del abrigo rojo nadie sabe nada. Dicen que a veces cuando te detienes a escuchar la voz del silencio en medio de las noches de desierto es posible oirla... otros aseguran que su voz es la misma la soledad que acompaña a los viajeros en su largo transitar hacía los confines de la tierra.



lunes, marzo 03, 2008

Cristo Redentor, nubes y Río… parte 2

A medida que el taxi subía el camino hacia el Cristo, iban apareciendo diversas formas de árboles, arbustos y flores coloridas dando la impresión que nos estábamos internando en una especie de urbana selva tropical, ajena al ruido de la ciudad, ajena a su gente... en fin una especie de oasis verde que se elevaba hasta los pies del Cristo.

Corcovado... al mirarlo de lejos se entiende la razón de su nombre que en castellano sería "Jorobado" y que a veces esconde su rostro entre la caprichosa neblina... que muy a menudo tiende a ser lluvia que lo empapa de la cabeza a los pies.

Continuabamos el ascenso por un camino sinuoso lleno de curvas y aparecía, imperceptible en un comienzo, una niebla que poco a poco se iba espesando hasta casi llegar al punto de saturación. Prácticamente cuando arribamos a la cima ésta no dejaba ver más alla de unos 80 metros. Una vez me bajé del taxi acordamos con el conductor que iba a esperarme una hora, en ese instante cálculo eran las 18:30.

La visita se veía poco auspiciosa, estando a los pies del Cristo apenas le veia la espalda... peldaño tras peldaño y la situación no cambiaba, una especie de sentimiento mezcla de arrepentimiento y resignación comenzaba a embargarme. Sentía que literalmente "el de arriba " ese día me estaba dando la espalda.


Habían muchos turistas intentando captar algún instante de claridad para hacer una foto mas aquellos momentos eran demasiado cortos casi imperceptibles. El rostro del Cristo aparecía de vez en cuando entre la niebla... fantasmal y efímero.

Comenzaba a atardecer y era el momento de partir. Para los turistas era un asunto complicado pues no habían podido cumplir el deseo de ver el monumento en gloria y majestad y menos aún ver las espectaculares panorámicas de la ciudad. De mala gana los grupitos comenzaban a irse y llegó un instante en el cual quedé completamente sólo allá en la cima. Intentaba vislumbrar entre la bruma algún indicio visual de ciudad, de playa, de puerto más esos instantes eran mínimos. Sólo los sonidos urbanos permitían dimensionar el movimiento allá abajo.


Y así llegó el instante en que decidí volver por los peldaños que me habían traído a la cima... algo lateado y decepcionado. Mas a mitad de escalones decidí regresar!!! Pues bien, si no puedo ver nada al menos podré meditar un rato, estoy solo y de alguna manera la majestuosidad del Cristo Redentor me hace sentir más cerca del creador.

Avanzo hacia ti y me detengo frente a ti, te doy la espalda para volver a mirar hacia la ciudad. No veo nada y cierro mis ojos... me acompaña el sonido de la urbe mezclado con el canto de algún pájaro... aparece un instante de silencio, tengo la impresión que estoy en medio de la nada... abro los ojos y no veo nada más que tu figura materializada en el granito. Sensación de inmensa soledad es la que siento... una soledad indiferente e inquietante al mismo tiempo, como si tratara de revelarme algo.

Pasarán los años, las centurias y quizás el tiempo se llevará todo lo que ahora no puedes ver desde este balcón. ¿Que es lo que quedará entonces si el mundo material se esfuma ante el paso del tiempo y la obra del hombre?¿Que queda mas allá del hombre, más alla de sus días, más alla de este mundo? Esta nada presente que estuvo presente en el comienzo de todo... ¿se hará presente al final? ¿Es necesaria la existencia de un motor que la originó y la hizo cautiva? Es este mismo motor quizás sea el que permanecerá por siempre, más allá de la nada... absoluto, eterno y ajeno al tiempo.



... y en el instante menos esperado disipas la niebla, aparece tu rostro y luego te ocultas nuevamente entre la nada y yo ajeno al tiempo, sin noción de espacio... solo en medio de esta blanca soledad, vuelve el canto del pájaro que se confunde con el rugido de la ciudad... el canto efímero, la nada inverosimil.

jueves, octubre 19, 2006

Matando al tiempo

No se si lo que a continuación quede plasmado en estás líneas tenga algo de relevancia, ni siquiera se lo que pienso escribir... asi que dejemos que los pensamientos fluyan sin interrupción pues ahora mismo me encuentro en un cibercafé cercano a la plaza de Viña, según reloj de PC son las 21:32, ser esclavo del tiempo no me simpatiza para nada, como acto de rebeldía no uso relojes, salvo en ocasiones muy específicas, cuando la puntualidad es fundamental.
Una de las mayores satisfacciones de esta postura rebelde que llevo contra la concientización del tiempo que las responsabilidades cotidianas tratan de internalizar en nuestro ritmo de vida y que a veces nos hacen esclavos de un aparatito que puede venir en formatos tan variados como los clásicos tictacs de un segundero o algo mas convencional como un reloj digital que incluya barómetro y otros artificios que lo hacen parecer una especie de llave que nos abrirá el portal hacia otros tiempos; es el hecho de poder desconectarte a ratos de la corriente implacable de la globalidad en la que a veces nos dejamos llevar sin darnos cuenta.
Puedes ir caminando por la calle y sin necesidad de tener un reloj a mano poder estar conciente en todo momento de que tu existes y que eres único y que puedes estar tan conectado contigo mismo y a la vez super conciente de lo que te rodea, conciente de no caer descontroladamente a ese caudal de vida agitada que la sociedad impone, darte cuenta que cada cosa que haces, aunque pequeña que parezca puede tener la más sorprendente de las consecuencias... estar conciente de que tu ritmo de vida no puede estar por debajo del ritmo de la globalidad, tú éstas sobre esa corriente y tú la controlas y cuando quieres te puedes dejar llevar por ella, y cuando necesitas un respiro tienes el poder de salir del río y buscar un momento sólo para ti.
Hoy me fabriqué uno de esos momentos... el sol estaba a punto de esconderse tras la Punta Ángeles en Valparaíso... calculaba que en una hora más (sin uso de reloj) Me encontraba a la altura del casino de Viña del Mar, procedí a caminar tranquilamente hacia Playa Las Salinas, lugar donde estimaba podía ver el ocaso por completo sin que el sol se escondiera tras los cerros antes de caer tras la línea del horizonte. El horizonte de la mar estaba perfecto, se distinguía claramente la frontera entre el cielo y el mar (aunque yo he tenido la impresión de haber estado en un lugar donde cielo y mar se unían), pues bueno me pusé a hacer unas fotos de aquel momento, recordé también aquel pacto que alguna vez hice a orillas del mar en una playa con bravas rompientes donde la voz del mar te llenaba y te daba nuevas fuerzas, le regalé unos versos al mar, aquellas letras que quedaron plasmadas en una hoja y que luego de haberlas leído abrazaron la piedra que cogí, la más redonda que encontré, sin aristas... sin filos una piedra esculpida por las olas... aquella piedra envuelta en esos versos que fueron lanzados al mar, un humilde tributo.
Me imaginé que aquellos versos habían cobrado vida propia junto a la piedra y que viajarían a través de las aguas a reencontrarse conmigo cada vez que yo pusiese mis pies en dominios marinos. Cada vez que me acerco al mar pienso que aquellas letras me podrían estar observando asomando sus versos entre alguna caprichosa ola.
Estos días en Valparaíso han sido reconfortantes en muchos aspectos. Fue muy especial haber aprobado el examen de simulador de buque zarpando desde el puerto de Valparaíso, el puerto que me vio nacer, creo que estaba predestinado a conseguir este logro sólo si lo hacia haciéndome a la mar desde este puerto, salió todo muy bien gracias a Dios, hice lo justo y necesario, de hecho me comentan que la maniobra que hice duro apenas 21 minutos, según los instructores ha sido el tiempo más rápido de zarpe simulado desde el querido puerto, asi que tengo un record... jejeje
Me he reencontrado con varios amigos que no veia de hace mucho tiempo y a esta hora deben estar cabeceandose haciendo sus últimos preparativos para el examen que dan mañana, confío en que les irá muy bien a todos.
Pero lo más importante es que me he reencontrado conmigo mismo, me he dado cuenta que en todo lo que uno haga debes ser tu mismo, sin dejarte influenciar por lo que digan los demás... alcanzar eso es muy reconfortante y reconforta a los que te rodean.
Hablábamos de no ser esclavos del tiempo, pues creo que en este rato que escribí estas líneas me fui en volada y no me he dado cuenta que ha pasado mucho rato ya.
Es genial intuir el tiempo, a veces te preguntan la hora y tú la puedes deducir sin tener un reloj a mano, creo que por lo general no le erro por más de 10 minutos, generalmente le achunto casi exacto, pues uno tiende a redondear los minutos de cinco en cinco. Cuando hay sol es más fácil todavía pues sabiendo que a una cierta altura sobre el horizonte le corresponde una hora determinada al día se anda bastante bien con la estimación. Bueno esa capacidad creo que la aprendí sin darme cuenta cuando navegaba y hacía cálculos astronómicos, sin navegar por GPS ni algún instrumento satelital que te haga dependiente de artificios imperfectos, sólo el sol o las estrellas y un sextante que nunca fallan, sin duda el mar me ha dado mucho y me ha permitido conectarme más con la naturaleza y conocerme más a mi mismo... eso si a veces se extraña una buena compañía.
Asi que a la mierda los relojes!!!

A la escucha: Audioslave/Dandelion

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Entre el cielo y el mar ... un bitácora de viaje.